viernes, 1 de diciembre de 2006

comeinza transantiago?

Comienza el 10 de febrero..y pese a toda la desinformación y falta de transparencia, Zamorano tiene razón: "tb depende de ti"

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando terminé de hacer los trámites, era un día viernes 1 de diciembre, como a las tres y media, la típica hora en que uno no sabe que hacer; los que vivimos lejos, si seguir en el centro o retirarnos a nuestras casas y así simplemente…termina la semana.
Pero ese viernes decidí que iba a terminar mágica y quizás trágicamente. En vez de tomar el metro, decidí demorarme más, correr el riesgo de irme parada y, porque no decirlo, poder quizás sentir una experiencia cercana a la muerte.
Después de esperar mucho rato se acercaba a lo lejos mi micro y ¡suerte!, paró.
Iba llena y auque no me gusta sentarme muy atrás era eso o irme de pie todo el camino. Me senté atrás arriba del motor, lo supuse porque hacia mucho calor y hasta me dio la impresión de que debiese estar prohibido colocar asientos allí.
Uno en la micro piensa más de la cuenta.
Más adelante al costado izquierdo y hacia el pasillo había un asiento desocupado, pero nadie se sentaba allí porque iba borracho, que hablaba fuerte y mientras tanto desparramaba toda su cerveza en el asiento de al lado.
Los de atrás nos entreteníamos viendo como la gente que subía tenía por un pequeño momento la ilusión de verse sentados, hasta que llegaban al asiento y el mismo borracho les decía que no se sentaran porque estaba todo mojado con cerveza.
No duró mucho esa entretención porque se bajo luego, pero luego la atención muto a ver quien era el que primero que se sentara y manchara sus pantalones.
Y calló uno, se levantó rápidamente. El de atrás le advirtió lo que pasó…y que más, volvió a sentarse.
Costaba pasar donde estábamos nosotros, porque una pareja al parecer había comprado los regalos de navidad. Un coche y una bicicleta bloqueaban parte del pasillo.
Se subió un vendedor ambulante y entre el ruido y la gente nunca vi lo que vendía. Lo único que alcancé a escuchar fue los cuatro cuarenta…solo pensé en la micro 440.
Cuando se despejo un poco pude ver que vendía.
La niña de al lado se bajo y me senté en su puesto al lado de la ventana y así deje de prestar atención a lo que sucedía dentro.
Me gustaba que el viento llegara fuerte en mi cara cuando la micro andaba, y me gustaba mirar hacia fuera…desde otro punto de vista y deprisa.
Pensé que me hubiese gustado tener a alguien a mi lado a quien mostrarle las maravillas de este tonto y cotidiano mundo, o por lo menos que alguien pudiese apreciar con tal éxtasis una nimiedad como esta. Y entre pensamiento y pensamiento me dormí.
Cuando desperté estaba a poco rato de mi paradero.
El coche y la bicicleta ya no estaban.
Ya el calor de la máquina, el viento en la cara y el ir tan atrás no me parecía a esa altura tan cómodos, así que me cambie hacia delante.
Me volví a encerrar en el mundo de la micro.
Faltaba poco.
Se subió un payaso.
Me gusta que se suban cuando me tengo que bajar.
Me pregunto si estaba contenta, yo le sonreí sinceramente pero no pareció advertirlo. Siempre uno en la micro piensa más de la cuenta.
Me pare y me fui atrás nuevamente a tocar el timbre.
Me bajé.
Pensé que había sido una buena decisión haber tomado la micro…una experiencia trascendente que desaparecería con el Transantiago.
Más adelante unas escolares con el jumper bien cortito hacían parar la misma micro y cuando ésta estuvo a mi vista vi, que la roñosa micro amarilla que creí que era en la que andaba tenía los colores del Transantiago…era blanca con una franja verde.
Cuando de subieron las niñas el payaso comenzó a molestarlas y la micro se alejó.
Pensé que quizás el Transantiago solo cambiaría el color de nuestra rutina.

Anónimo dijo...

quien fue... quien fue!!!
que se adjudique el texto!!!

jajaja
ojala no nos cambiemos de
color!
un beso gordo gordo
te extraño

Anónimo dijo...

llegara a mi casa?